Hoy he vuelto a hacer una reflexión un tanto especial de las mías, vamos de las de siempre, aunque es cierto que he tenido algo de ayuda, una ayuda de escucha activa, una ayuda de alguien que sé que en un futuro será un, no sé si buen enfermero, pero al menos sí bastante humano.
Muchas veces me paro a reflexionar sobre cosas de las que soy consciente que la gente ni presta atención, aunque últimamente me he dado cuenta de que no soy el único "bicho raro" que se pasea por las calles con ciertos pensamientos algo diferentes. Y sí, uno de los temas en los que siempre he pensado mucho, o al menos eso creía, es sobre cómo puedo ser capaz de hacer que todo en esta vida me acabe resbalando, no me afecte sin crear una coraza o tenga que evadirme. Sobre cómo mantener mi contador de preocupaciones a cero.
La verdadera respuesta la he hallado hoy, después de tanto tiempo equivocado, pues el verdadero error no residía en ésta, si no en las preguntas que siempre me hacía "¿por qué me la suda tanto todo?, ¿significa eso que realmente no me implico con nada?, ¿será esto malo?". La cosa era más sencilla de lo que creía, pero tuvo que ponérmela delante otra persona, una virtud de vivir en sociedad. Todo consistía en llegar al origen, al inicio, a las benditas palabras "Seguro que hay algo que te preocupa, piensa en qué puede ser".
Al principio uno siempre se siente confuso porque se convence de que la respuesta ya la sabe, en mi caso "nada", y no ve más allá, se repite una y otra vez esa respuesta "nada, nada, nada...", hasta que llega al punto del "es que no se me ocurren más cosas, esto ya lo sabía". Es a partir de entonces cuando te abres a nuevas ideas, cuando realmente te paras a reflexionar, para llegar a lo más hondo de tu ser y a sacar eso que no sabías que guardabas, la verdadera respuesta.
Hoy aprendí que realmente sí tengo preocupaciones, sí me implico, sí me importa lo que me rodea, solo que donde la mayoría ve problemas y quebraderos de cabeza yo veo soluciones. La cosa es sencilla, imagina que el problema es una carretera donde el principio es el mismo problema en sí, el concepto, lo que ocurre; el camino es lo aburrido, el lamentarse, el sufrimiento, los llantos, los remordimientos, la negatividad; y el final es la solución, la llegada a tu destino.
Después de esta metáfora algo cutre, retomo el tema y es a eso a lo que me refiero, a que yo muy rara vez, casi nunca, me detengo en el camino de esa carretera, pues desde que se me presenta el problema de frente, ya estoy viendo la solución a lo lejos y es lo que me interesa, lo que busco.
Pensaba que me equivocaba un poco en ser cómo era, pero ahora soy consciente que no, que si veo la vida con tanto positivismo, alegría y felicidad es por cómo "afronto" los problemas, porque ya digo, no soy capaz de verlos, únicamente tengo ojos para las soluciones.
Espero que esta reflexión le sirva a más de uno. No te dejes comer por algo que te preocupa, todos, sin distinción, somos fuertes para hallar soluciones. Ánimo porque tú también puedes.
