Esa fue mi sensación cuando descubrí que en una semana empezaría otra vida, que me darían mi pasaporte a un nuevo Mundo, que me despojarían de un Jesús de instituto al que había cogido cariño, y es que aunque suene muy repetitivo, ¡Qué rápido crecemos! ¿Quién se esperaba que alguien como yo, que quería ser matemático acabara soñando con ayudar a la gente, con ser nada más y nada menos que enfermero? La verdad es que el camino ha sido un pelín largo, pero a la vez muy corto.
Ahora no sé qué diablos me depara esta nueva puerta que voy abriendo poco a poco con un miedo terrible, pero según muchos ésta será la mejor etapa de mi vida, sé que no faltarán las famosas fiestas universitarias, las nuevas amistades y enemistades, las juergas, esos nuevos "personajes" a los que tendré que reconocer como profesores, las novatadas, las tardes de frustración al estudiar, las noches en vela, mis problema intestinales con el estrés y muchas más cosas que, con algo de miedo repito, estoy dispuesto a aceptar, disfrutar y aprovechar.
A todos esos nuevos universitarios como yo, solo les puedo decir que no desperdiciéis este año, porque al menos yo no lo aré.
PD: No dejéis de mirar a vuestro alrededor, hay mucho que aprender ahí fuera.
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