La vida es bella, aunque dura, siempre bella. Y sí, esto lo
afirmo yo y no por afirmar algo a la ligera, si no con convicción, con mil
historias que lo corroboran y experiencias inolvidables que siempre llevaré a la espalda.
Muchos se preguntarán ¿cómo he llegado a desarrollar tal
filosofía de vida, tan alegre, despreocupado, en equilibrio conmigo mismo, tan
feliz siempre? Algunos solo me conocen de leerme, muy pocos, lo cual no es que me
preocupe mucho, pero los que me conocen del día a día, o me conocieron en algún
momento de mi vida, sin saberlo son los causantes de esto, son o fueron los
que modelaron el ser quien soy, los que me “diseñaron” de forma inconsciente.
En un año entran y salen de tu vida infinidad de personas
nuevas, y se te presentan otras tantas oportunidades de conocer a otros que
desaprovechas sin darte cuenta, que sería imposible de contabilizar. Pero
aquellos que consiguen entrar, siempre, por mínimo que sea, dejan algo tras de
sí que tú guardas, algo malo, algo bueno, ¡Qué más da! Siempre aprendes se trate de
lo que se trate, porque en definitiva son nuevas y renovadas experiencias.
Recuerda a todas las personas que ya no están en tu vida por
el motivo que sea, ellos se fueron y no fue nada malo, porque mientras estuviste
con ellos e incluso tras su despedida, siempre aprendiste algo, algo que
quedaría en ti, que conformaría tu personalidad, ese algo tan mutable y volátil
que nunca acaba de generarse puesto que es un proceso continuo, tan extenso
como la propia vida. Lo mismo pasa con esas otras personas que conociste un día y
siguen estando en tu vida, siempre aprenderás de ellos, compartirás con ellos,
y ellos acabarán siendo parte de tu ser.
Cada ser humano que conoces es como una pieza de un gran puzle
universal que tienes que ir formando, pero cuyo número de piezas es infinito.
No todas las piezas son buenas, algunas te usan, se aprovechan de ti, te
desechan, te maltratan, te mienten; pero siempre están las tantas otras que te
ayudan, te comprenden, comparten, te quieren y se dejan querer, te escuchan,
te enseñan, te atienden… Y como dije antes, no todas las personas se quedan,
pero las piezas siempre permanecen, siempre está ahí esa experiencia, ese
momento, esa charla, esa mirada, ese desengaño, esa canción que te ha llevado a
ser quien eres, e incluso cuando una persona regresa a tu vida, ésta puede
seguir ayudando con ese gran puzle, puede echarte una mano a escribir tu propia historia.
Recuerda, aprovecha a las personas que te rodean, agradéceles ser
parte de quien eres, siéntete muy afortunado, porque de verdad lo eres, y no
bloquees la entrada de nadie en tu vida, de ello depende que vivas nuevas
experiencias.

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